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Devórame
Hermanita
| Imagen tomada de la red |
O todos o ninguno
Le comentó Sara limpiándose los labios con la servilleta, mientras su pie jugaba con los “bajos” de Samuel al cual sonrió levemente.
—Cuando quieras te doy la receta.
—Maravilloso— Sara seguía trabajando bajo la mesa y apoyó una de sus manos en la entrepierna de Gonzalo— podríamos hacer este plato cuando venga tu hermana, estoy segura que le encantará.
—Seguro—contestó mientras la rodeaba con un brazo.
—Como tú has hecho la cena y Gonzalo ha puesto la mesa—comenzó a decir Samuel mientras se levantaba— Sara y yo recogeremos la mesa, preparamos el postre y hacemos algo de café antes de tomarnos las copas ¿os parece?
—Me parece genial.— Le dijo Eli rodeando su cuello con sus brazos para darle un sonoro beso.— Gonzalo, vamos tú y yo al salón para estar más cómodos mientras recogen.
Cuando Sara y Gonzalo abandonaron el comedor, Samuel atrajo hacía sí a Sara para darle un largo y húmedo beso.
—Llevas toda la cena provocándome.
—No puedo evitarlo cuando estoy cerca de ti y me pone más cuando está tu mujer, ya lo sabes.
Samuel sonrió, la volvió a besar y dejó que sus manos se perdieran en su escote unos minutos.
—Debemos llevar todo esto a la cocina o sospecharán. —Dijo él mientras ella introducía su mano en los pantalones y buscaba su polla. —No te preocupes porque preparar el postre nos llevará algo de tiempo, escogí una receta para que pudiéramos estar juntos y sin que Eli se diera cuenta…ya lo hice.
—Por eso me gustas, porque lo piensas todo.
Dejaron las cosas sobre la encimera, Samuel puso un pequeño temporizador y sacó el postre del horno; luego le tomó los pechos por detrás, ella suspiró y se dejó hacer, sintiendo como le besaba el cuello, como sus manos se deshacían en sus pechos y como crecía su polla que ya notaba en su culo. Él perdió una de sus manos entre sus piernas, dejando que suspirara de placer.
—Si sigues moviendo la mano así…harás que me corra…y sabes lo que puedo llegar a gritar.
Le dio la vuelta para tapar su boca con la suya sin dejar de mover su mano, tragándose su orgasmo. La subió sobre la encimera y bajándose los pantalones, se la introdujo despacio mientras descansaba su boca sobre sus tetas.
Alcanzó el orgasmo justo cuando el temporizador anunciaba el final del tiempo. Los dos acomodaron sus ropas, se besaron y tomaron las bandejas con el postre y el café.
Al entrar al salón, a Sara se le cayó la bandeja con todas las tazas del café y a Samuel sólo le salió de la garganta un “¿qué?” cuando se encontaron a Eli cabalgando sobre la polla de Gonzalo.
Amante
—¡Vamos, deprisa!—Apremia a su amante—¡Ella volverá en seguida!
Él se despoja de sus ropas mientras la observa, le encanta que sea perversa que le llame cuando sabe que su mujer se ha ido. Siempre dispuesta a realizar las posturas que la estirada de su mujer no quiere porque dice que es de “mujerzuelas”.
Disfruta mirando su pelo rojo, sus labios carnosos, sus ojos verdes, su plano vientre, sus largas y torneadas piernas, sus voluptuosos y firmes pechos.
—Eres una granuja—le dice acercándose a ella—siempre me metes en estos líos cuando ella se va y sabes que no sé decirte que no.
La coge por el tobillo para ir acercándola a él, ella sabe que le gusta que sea sumisa y dejarle hacer. Él acaricia levemente su pierna, subiendo y bajando su mano, sintiendo la suavidad de su blanca piel, recorre su pequeño pie haciéndole cosquillas. Acerca su boca y lame levemente la planta, sube despacio hasta sus dedos y los chupa con gusto, haciendo que su excitación aumente.
—Me fascina esa sonrisa tuya tan pícara, haciéndote la inocente e ingenua, como si no supieras lo que fuésemos hacer…como si no supieras lo que te voy hacer.
Ella sigue dejándose hacer mientras él la recorre con su lengua, mientras sus manos acarician sus pechos, jugando con sus pezones, mientras siente como le lame entre sus piernas...
La toma de las muñecas y coloca sus brazos por encima de su cabeza con fuerza, la besa apasionadamente, jugando con la lengua en sus labios, se los muerde levemente. Acaricia su rostro, su cuello, sus pechos, su cintura…y la gira con violencia para introducirle su pene por el ano.
—Lo siento mi putita —le susurra al oído— hoy tenemos prisa y no me apetece ser gentil.
Comienza a moverse dentro de ella con ímpetu, tomándole primero de los pechos hundiendo sus dedos en ellos, dejándole marca, y luego la toma del pelo como si fueran las riendas de una montura.
—Te gusta así ¿verdad zorra? Te gusta que sea violento, te pone, hace que te excites más.
Sus movimientos son cada vez más rápidos y violentos.
—Me voy a correr en tu culo…en tu hermoso culo ¿no te pone?
La última e se alarga con el éxtasis del orgasmo, suelta su pelo y descansa su cabeza sobre su espalda, la besa dulcemente. Se aparta de su lado para vestirse.
—Eres la mejor— le dice mientras se sube la bragueta— es una lástima que no pueda disfrutar tanto de ti como yo quisiera.
Se acerca a ella y la besa con ternura.
—Es hora de que vuelvas a tu escondite.
Toma la caja de madera donde ella venía y la esconde en el armario, en ese lugar secreto que le pidió al carpintero que le hiciera para ella y del que su mujer no sabe nada.
—Adiós mi amor—le dice acariciando su piel de látex.
Dos versiones
Cenamos, bailamos y terminamos en la discoteca donde había un streptease masculino que hizo que nuestras hormonas se disparan, sobre todo con Karim, un negro con el cuerpo del dios Apolo, lleno de montañas que invitaban a ser escaladas y profanadas por una boca ávida de aventura.
Toda la discoteca estalló en grandes vítores cuando salió a escena, contorneándose cual serpiente, atrayendo las miradas de todas las féminas que allí nos encontrábamos, mostrándonos sin pudor todos sus atributos…unos atributos que bien podían alcanzar los treinta centímetros y que más de una boca se relamió pensando en cómo se sentirían dentro de su húmeda cueva y cómo se podría cabalgar sobre tremendo cuerpo.
Al poco de tiempo de acabar el baile de Karim, Sara desapareció, ninguna nos dimos cuenta pero tampoco nos importó pues pensamos que habría ido al baño o incluso a llamar por teléfono a José, su prometido, algo que hacía constantemente. Yo sí que me fui al baño, las copas que había tomado pugnaban por salir de mi cuerpo.
—¡¡Ooohhh!! ¡¡Sí, sí dámelo todo!! ¡¡Destrózame!!¡¡Lo quiero todo deeeentroooo!!
Los escandalosos gritos venían del baño y al abrir la puerta, vi a Sara subida sobre los lavabos mientras Karim le introducía sus treinta centímetros salvajemente.
La cara de Sara era la contemplación del éxtasis de Santa Teresa mientras sus manos arañaban la espalda del bailarín y su boca profería las palabras más sucias, guarras y escandalosas que nunca hubiera imaginado en ella.
—Y por eso el hijo de José es mulato.
—Vaya—me dijo María sorprendida—jamás pensé que Sara sería la precursora de una leyenda urbana.
Karim se preparó su cuerpo a conciencia, impregnándolo del aceite que haría resaltar sus músculos esculpidos durante horas en el gimnasio. No le gustaba nada trabajar de bailarín erótico pero era la única alternativa que había encontrado para pagarse los estudios de derecho.
—En diez minutos te toca, prepárate—le dijo Andrés que era quien les decía a los chicos cuando entraban a escena—La discoteca hoy está llena, tienen muchas ganas de fiesta…¡¡están salidas!!
Karim sonrió la broma, se miró al espejo, miró su miembro flácido, tenía que prepararse para salir y cada vez le costaba más ponerlo erecto. Empezaba hacérsele cuesta arriba tener que excitarse entre sus compañeros, aunque al resto no le costara mucho, él necesitaba más tranquilidad por eso siempre se encerraba en el baño.
Se sentó en la taza, cerró los ojos y pensó en Nafeesah, su mujer, que le esperaba en
Batna. Recordó sus grandes ojos negros, como le miraban mientras ella dejaba caer la túnica blanca que se ponía para sus noches de lujuria, recordaba la suavidad de su piel, sus senos voluptuosos y turgentes, desafiantes a la gravedad. Recordó a lo que sabía su piel, con la avidez que la recorría con su lengua, como perdía sus manos entre sus piernas.
Él se acariciaba, imaginando que eran las expertas manos de Nafeesah o, incluso, sus labios recorriendo su miembro.
Antes de eyacular, se puso el anillo que le haría mantener la erección.
Terminó el baile exhausto, se dirigió a cambiarse de ropa para irse, cuando observó llorar a una chica cerca de los baños.
—Mi prometido está de despedida, como yo con mis amigas…aunque yo no quería esto, no me gustan este tipo de sitios…encima me ha llamado Toni y me ha dicho que José se ha ido con la bailarina…—se sonó con un pañuelo de papel— Yo no sé si es verdad pero ahora mismo…
—No te preocupes, seguro que es mentira—la consoló él sin creerse mucho sus palabras—Ese chico que te ha llamado se habrá equivocado de teléfono…
Cuando él vio sus grandes ojos negros le vino a la mente Nafeesah y no pudo evitar besarla, introducirla en el baño y recorrer su esbelto cuerpo con ansia.
Ella le correspondió, por venganza, por el alcohol ingerido o por lujuria, pero se introdujo en la boca su miembro pensando que en el escenario le había parecido enorme, que nunca había tenido algo tan grande ni en su boca, ni entre sus piernas.
La levantó y la apoyó sobre los lavabos para introducirle su miembro despacio, como le gustaba hacer con Nafeesah, para que el momento fuera lo más largo posible…pero los alocados gritos de ella y la interrupción de una mujer entrando en los baños, hicieron que su miembro se relajara antes de acabar.
Tu cuerpo
Mi mano viaja por tu piel,
mientras tú suspiras en las tierras de Morfeo,
pierdo la mano en la curvatura de tu cuerpo,
conquistando la suave línea de tu cuello.
Bajo embelesado por la delicadeza de tus hombros,
las yemas de mis dedos
se deleitan en las montañas de tus senos,
mi lengua voraz, ávida, presurosa,
baja a jugar con ellos.
Suspiras en sueños.
Mi mano sigue su recorrido
e invade tu plano vientre,
donde la abro
y siento como respiras agitada.
Mis dedos siguen por tu muslo,
acariciándolo como si fuera la primera vez,
percibiendo la suavidad de tu piel,
queriendo conquistar lo escondido en tus piernas.
Atrevidos,
se introducen entre ellas,
buscan el néctar de los dioses.
Jadeas en sueños.
Tu boca de coral se abre,
tu lengua lame tus labios,
susurras mi nombre
en el estallido de placer.
Abres tus ojos buscándome.
Y yo,
impaciente ya,
quiero mezclarme contigo en el placer,
y subo conquistando la geografía de tu cuerpo
y subo para amarte,
sellando tus suspiros en un beso.
La lobera
Me vine solo, sin amigos y sin el móvil, no quería que ella me localizara y no me dejara pensar con perspectiva. Necesitaba tener claras mis ideas, no quería hacerla daño porque, aunque no sintiera amor por ella, sí que sentía cariño y tampoco quería hacerme daño a mí mismo. ¿Y si me equivocaba tomando esta decisión? Era muy importante, debía tener muy claro el paso que teníamos que dar.
Busqué un lugar lo bastante apartado como para que no me molestaran turistas u otros campistas, no tenía ganas de aguantar adolescentes riéndose toda la noche mientras bebían.
El lugar era perfecto, había cerca un pequeño riachuelo donde podría dejar la botella del agua para que estuviera fresca, los árboles eran abundantes y no se veía paso de animales, aunque sí que vi unas huellas de humanos junto a las de un perro, pensé que serían cazadores, pero no era temporada…no le di muchas vueltas.
Monté la tienda, coloqué las cosas y me preparé un fuego dentro de una zanja para que cuando no pudiera vigilarlo no se me escapara de las manos. Me hice un par de chuletas que llevaba conmigo y comí tranquilo, disfrutando de los olores que me proporcionaban la carne y el bosque.
La noche me tapó en su oscuridad y contemplé tumbado las constelaciones, recordando las leyendas que sobre ellas me contaba mi abuelo. Pude reconocer Orión, la Osa Mayor, Leo, la cruz, la Osa Menor y me quedé mirando la Estrella Polar, para pasar después a observar la Luna Llena que presidían el oscuro cielo.
Desperté sobresaltado por un ruido, alguien se acercaba, imaginé que sería algún grupo de campistas aunque estaba seguro que haberme alejado lo suficiente como para que no me vieran o molestaran.
Escudriñé la oscuridad intentado ver la figura, pero la noche me hizo ver fantasmas donde no los había, pues percibí pequeños puntos rojos que me observaban. Lo dejé, la imaginación me jugaba una mala pasada.
Noté el frio en mi cuerpo, apagué el fuego y me dispuse a entrar en la tienda para descansar, cuando el ruido volvió a escucharse. Me volví despacio porque esta vez el ruido tomó la forma de un gruñido, delante de mí había una manada de lobos.
El miedo se apoderó de mí, habían esperado que apagara el fuego para acercarse si eso era posible o bien mi mente les daba cierta lógica que los animales no tenían. Quedé paralizado, no sabía como actuar, no sabía si era mejor quedarse quieto o salir corriendo, entonces lo vi.
Por detrás de ellos había un lobo que andaba sobre dos patas y se acercaba despacio a mi campamento, los lobos se apartaban a su paso y a la luz de la luna, pude darme cuenta que se trataba de una mujer que vestía con sus pieles. Su rostro estaba oculto por la cara de un lobo, lo que había creado en mi mente la imagen del lobo andando en posición erecta. A medida que se acercaba, se despojaba de sus pieles y me mostraba un cuerpo esculpido por el propio Miguel Ángel.
Su piel era blanca, pura, sin imperfecciones, sus piernas largas y musculosas que terminaban en un triángulo perfecto, su cintura era fina, sus senos aún desafiaban a la gravedad, voluptuosos. Se acercó a mí, me olfateó como lo hace un animal, me acarició el rostro, rozó mis labios y sentí la suavidad de su piel, impregnó mi nariz de un olor de almizcle, de bosque, de tiempos antiguos.
Me besó con ahínco, con salvaje prisa, invadiendo mi boca con su lengua, buscándola con impaciencia. Mis manos mecánicamente rodearon su cintura, sintiendo que su piel me regalaba un calor desconocido, acaricié su espalda, besé su cuello, lo lamí, tomé en mi mano unos de sus pechos, apretándolo con premura, jugué con su pezón apreciando como se endurecía bajo mis caricias.
La tumbé sobre el suelo del bosque para acariciarla más despacio, para deleitarme de la suavidad inusual de esa piel, para saborearla. Recorrí su cuerpo con mi lengua, recreándome en su cuello, bajando a sus pechos, transitándolos con mi lengua, jugando con ella en sus pezones…degustándolos. Mi mano acariciaba sus piernas, para perderse entre ellas, abriendo despacio sus labios, buscando ese botón que la llevará a la excitación, noté como se excita, como suspira de placer y jadea, no puedo resistirme, necesito probar el néctar que se esconde entre sus piernas.
Bajé por su vientre, saboreando con mi lengua, no puedo dejar de hacerlo pues mi boca se llena de un sabor salvaje que no había probado antes. Llego a esa cueva que oculta placeres y lamo, lamo como si mi vida fuera en ello, inundando mi boca y mi lengua de sus flujos, arrancándole jadeos, notando como sus caderas se mueven a mis caricias.
Tras un prolongado jadeo, se incorpora y me tumba ella a mí, me despoja de mis ropas y lame mi falo erecto, lo toma entre sus labios carnosos de color carmín haciendo que me recorra una descarga eléctrica que sube hasta mi nuca y vuelve hasta sus labios. Se sube sobre mí, introduciéndosela ella misma, me cabalga salvaje. Mis manos se pierden en sus pechos, me incorporo para tenerlos de nuevo en mi boca, para saborearlos de nuevo, para morderle el cuello ferozmente, para que mis manos puedan tocar sus glúteos.
Otro jadeo prolongado, acompañado por el mío y…todo se ha acabado.
A la mañana siguiente, despierto fuera de la tienda, aún tengo su sabor en mi boca pero no hay rastro de ella, no hay huellas alrededor de mi campamento, ni de ella, ni de los lobos. Recojo mis cosas y me dirijo al pueblo para volver al coche que allí dejé.
Antes de subir, escucho una conversación.
—Anoche fue la tercera Luna Llena—dice un viejo que está sentado en la plaza.
—Sí, imagino que la Lobera saldría a que alguien calmara su celo.
Cementerio
La noche acompaña a llevar nuestras fantasías a cabo, nos envuelve en la oscuridad para que nadie nos vea, nos nutre del ambiente perfecto para desarrollar el pecado.Dos adolescentes cogidos de la mano, toman a la noche como aliada para realizar el pacto acordado. Se ayudan para saltar la verja del cementerio, se ríen en silencio, acostumbran a sus ojos a la oscuridad que les envuelve, se dan pequeños besos en el cuello para darse ánimos y preparar el ambiente. Recorren los caminos buscando el mausoleo donde quieren amarse.
Saben que no está cerrado, que pertenece a la parte del cementerio abandonado, olvidado en la memoria porque los muertos que allí descansan pertenecen a otra época. Entran despacio, ataviados con miedo y morbo por la situación.
Él acaricia levemente su mejilla, pasa sus dedos por los labios carnosos y deja que ella lama uno de sus dedos, dejándose llevar por un escalofrío que le recorre la nuca. Sigue bajando su mano, mientras la lleva hasta la tumba que hay en medio del recinto, para apoyarla.
Recorre su cuello, desabrocha despacio su blusa, se deleita en la contemplación de sus senos capturados en un corsé negro. Acerca su boca a su cuello, lo recorre, lo besa, le muerde levemente juntando sus labios y sus dientes dejando una pequeña marca. La sube a la tumba para tener cerca sus pechos donde vuelve a morderla pero haciendo más fuerza, dejando esta vez la marca de sus dientes.
La luna observa desde arriba como los amantes cierran el pacto entre suspiros y jadeos.
El beso (basado en el cuadro de Francesco Hayez )

La dama nerviosa porque el aya no los atrapara tras su noche de amor, instaba a su amante a desaparecer pero no era capaz de soltar su mano. Él la miraba lleno de amor y devoción, se decía a sí mismo que ni la guerra, ni la oposición de sus familias les separaría, ella le pertenecía y él a ella.
No pudo evitar robarle un último beso antes de su partida furtiva, antes que la casa se levantara y a los pies de la escalinata que le separarían de ella, tomó su rostro entre sus manos y posó sus labios en los de ella.
Ella rodeó su cintura y posó su otra mano en su hombro, fundiéndose con él en el último beso, que sabía que podría beber de los mismos labios que habían recorrido su cuerpo esa noche.
La hermosa en orgía
Subía desde ellas hasta su plano vientre, dando pequeños círculos con mi dedo índice en su ombligo, subiendo, acariciando con la uña hasta la voluptuosidad de sus senos.
Tomé uno con firmeza en mi mano, sintiéndolo turgente, lo apreté, lo acaricié, no pude resistirme a saborear esa piel y acerqué mi boca voraz. Saboreé sus pechos como un niño hambriento, escuché sus jadeos que hicieron que mi excitación aumentara. Perdí una de mis manos entre sus piernas y sus caderas se acompasaron a mis caricias.
Ella se hundió en mi cuello, dándome pequeños besos, pequeños mordiscos que entrelazaba con suspiros en mi oído, una de sus manos desapareció entre mis piernas y poco a poco abrió mis labios, buscando el calor que se escondía entre ellos.
Sabíamos que este amor era prohibido pero no podía resistirme a la lujuria que su cuerpo me provocaba, el néctar de sus piernas era la misma ambrosía con que los dioses se alimentaban.
La amaba, amaba como se movía bajo mis caricias, como su cuerpo se estremecía en el clímax, como susurraba mi nombre, como pedía más caricias…
Me haces tanto bien de Amistades Peligrosas
Chat
Repasaba las estadísticas e iba introduciéndolas en el informe, tenía que cuadrar todo, era importante, pues con ello había que convencer a los nuevos socios que la empresa no estaba en recesión y no perderían su inversión. Era un año duro para la empresa, se mantenía más o menos a flote gracias al departamento de I+D+I que había tenido buenos resultados con los últimos productos, gracias a ello, no tenían que hacer un E.R.E.
Observó que se le había abierto una ventana del chat, la cerró al comprobar que no era ella, comenzó a pensar que hoy tampoco se conectaría.
Volvió a repasar el informe desde la página anterior, cambió alguna frase que no quedaba bien o no se entendía lo que se pretendía.
lady_morgana: Hola?
Era ella, ¡por fin se había conectado!
trovador: Hola, te echaba de menos
lady_morgana: jajaja yo a ti también, he estado demasiado ocupada con el trabajo, cómo estás?
trovador: liado con un maldito informe, esta crisis acaba conmigo, últimamente no paramos en la empresa y llego a casa muy tarde, no tengo vida privada jajajaja
lady_morgana: si quieres te dejo para que lo termines??
trovador: ni se te ocurra!! llevaba tiempo deseando hablar contigo.
lady_morgana: jajaja tampoco ha pasado tanto tiempo, qué ha sido? una semana?
trovador: una semana larguísima!!! Jajaja
lady_morgana: ya será menos, tienes a tu mujer, no?
trovador: y?
lady_morgana: qué pasaría si ella se entera de todo esto?
trovador: quizás hasta le de morbo…jajaja
lady_morgana: ya será menos, seguro que te monta un pollo!!
trovador: y tu marido? si tu marido se entera, que te haría?
lady_morgana: ése?? ni idea, creo que simplemente se lo diría a sus “amiguitas” y se reiría
trovador: le has vuelto a pillar en otra infidelidad?
lady_morgana: y cuando no? si parece que quiera que le pille, cada vez es más evidente que me pone los cuernos y casi que ni se esconde
trovador: y por qué no le das de su propia medicina?
lady_morgana: me estás proponiendo quedar?
trovador: a lo mejor
lady_morgana: ya sabes que se puede romper el hechizo del anonimato jajaja
trovador: es un riesgo que estoy dispuesto a correr jajaja
lady_morgana: jajaja tú no eres de los que les ponen los cuernos a su pareja, sólo te atreves con estas cosas, una conversación picante por el chat
trovador: me estás retando?
lady_morgana: te gustaría que lo hiciera?
Se pasó la mano por el cabello echándose hacia atrás en la silla, se planteó seriamente si sería capaz de serle infiel a Rosa, se encendió un cigarro aspirando profundamente.
lady_morgana: sigues ahí?
trovador: sí, estaba pensando en tu oferta
lady_morgana: jajaja no te preocupes, bien sabemos que es imposible por la distancia
trovador: siempre me puede salir un viaje de trabajo
Ahora fue ella la que tardaba en responder, ¿se habría asustado? Le dio una larga calada a su cigarro.
lady_morgana: estás solo en la oficina?
trovador: creo que sí, por lo menos en mi planta sólo estoy yo, por?
lady_morgana: por qué crees?
trovador: no lo sé…
Se sonrió notando que su pene comenzaba a endurecerse.
lady_morgana: porque quiero acercarme a ti por detrás, ir besando tu cuello, lamer tu lóbulo de la oreja, darte la vuelta en la silla y que me veas
trovador: cómo vas vestida?
lady_morgana: llevo esa falda negra ajustada que tanto te gusta
trovador: la que tiene una abertura en la pierna derecha?
lady_morgana: sí, esa y la blusa roja con el escote por donde se puede ver mi ropa interior
trovador: mmm…me encanta. Subiría mi mano por tu pierna, haciendo que la falda subiera con ella, acariciando tu suave piel…
El chat ya no existía, sólo ellos, uno delante del otro, acariciándose.
La mano de él subía por su muslo, arrastrando con ella la falda para llegar a rozar el cullote y sentir sus glúteos, su boca se posaba en el escote besando allí su dulce piel, lamiéndola, sintiéndola, saboreándola. Su otra mano la posó en la espalda para atraerla más a él.
Ella suspiraba, se dejaba hacer, sabía que le gustaba llevar la iniciativa.
Subió completamente la falda y con las dos manos le quito el cullote dejándose embelesar por aquella zona depilada. Desabrochó la blusa y la dejó caer sobre su mesa, lamió sus pechos sobre el sujetador que llevaba mientras lo soltaba por detrás para liberarlos de aquella prisión de encaje. Aprisionó en sus labios sus duros pezones y jugueteó con ellos.
Suspiros, todo lo que ella era capaz de hacer era respirar entrecortadamente, jadear, suspirar, sentir aquellas caricias y dejarse hacer.
Bajó, lamiendo, hasta su plano vientre y por fin se aventuró en su rincón favorito. Le encantaba embriagarse de su aroma, sentir el calor que destilaba en su boca, dejarse llevar por aquel dulce sabor y perder su lengua en busca del pequeño botón que la transportaba a una serie de sensaciones impredecibles para ella. Sus manos acariciaban sus pechos, jugando entre sus dedos con los pezones, tomándola por el cuello, acercándola hacia sí, perdiendo una de sus manos en sus glúteos, jugueteando en aquél prohibido rincón.
Ella notaba como su cuerpo era recorrido por aquella descarga eléctrica que una y otra vez le provocaba jadeos más intensos. Tomaba su cabeza entre sus manos, perdía sus dedos en los cabellos, le acercaba más a ella, movía sus caderas ayudándole para alcanzar el clímax…cuando él se apartaba dejándola con la miel en los labios.
Se levantaba de su silla, la besaba con fiereza, abordando su boca con su lengua, la giraba, restregando su bulto en sus glúteos, le apoyó en la mesa tomándola por la melena rojiza y le introdujo su pene.
Ella se retorció de placer al sentirlo dentro, él le agarró de sus pechos para introducirla entera.
trovador: la sientes?
lady_morgana: sííí…no pares…
Se sentó de nuevo en la silla con ella sobre él y mientras le acariciaba con una mano su pecho izquierdo, la otra se perdía en busca de su clítoris, su boca se perdía entre su cuello y su oreja. Ella jadeaba, movía sus caderas y…
lady_morgana: dios!!! menudo orgasmo!!! menos mal que estoy sola.
trovador: yo tengo que limpiar la pantalla jajaja
lady_morgana: tengo que dejarte, seguramente esté a punto de llegar mi marido
trovador: sí, yo también me voy a ir, se ha hecho muy tarde
lady_morgana: como siempre ha sido un placer
trovador: jajaja espero que hablemos pronto
lady_morgana ha abandonado el chat
Él cerró la ventana del chat, tiró el pañuelo con el que se había limpiado, cogió un cigarro y se acomodó en la silla.
Repasó por última vez el informe, le dio el visto bueno y lo imprimió.
Apagó el cigarro, tomó una carpeta, guardó el informe, apagó el ordenador, tomó sus cosas y salió de su despacho apagando las luces, llamó por el móvil a su esposa para decirle que ya salía y se despidió de Claudia, la becaria.
Sex con bolis bic
Alex Muñoz creador de Mika, diario de una pornostar
Alex Muñoz es el creador de Spooky y las tiras de kako y fon, estudió en la Escuela Superior de Dibujo Profesional de Madrid e hizo la carrera superior en Digital Art en la escuela multimedia TRAZOS.
Ha trabajado para la revista Acontecimiento y Los Lunnis, para la agencia de publicidad In & Out, Ed.Santillana, Novapop.com...y ha publicado en revistas como El Jueves o Qué!.
Le he preguntado una serie de cosillas (que soy curiosa jejeje):
-¿cuándo empezaste a dibujar?
A.M: Según dicen en mi casa hacía garabatos desde los tres años. No era el típico niño que jugaba al fútbol con demás chicos del barrio ni se iba con su padre para aprender a montar en bici. A mi me dabas un lápiz y un papel y en esa casa no había niño, jeje. A los 17 años decidí que lo mio era el cómic y pasaba de carreras, así que ingresé en una escuela de dibujo profesional, siempre contando con el apoyo de mis padres y familia. A los 20 más menos comencé a dedicarme "profesionalmente" a ello, haciendo tiras, carteles, camisetas... cualquier cosa que saliera (ya fuera de gratis o cobrando cuatro perras).
-¿de dónde surge Spooky?

A.M: Spooky nació espontáneamente. En las primeras navidades que pasé con mi novia, hará 5 años, uno de los regalos de reyes que recibí por su parte fue un peluche de un dragón. En cuanto lo vi le llamé Spooky, ¿por qué? Ni idea. Unos meses después estuve dándole vueltas al tarro para crear un personaje que pudiera gustar a la gente. Un icono. Al mirar al peluche en la cama junto a otros del pato Lucas y Taz Mania lo ví claro. Cogí lápiz y papel y salió “algo” (http://www.alexmh.com/2008/08/24/origen-y-evolucion-de-spooky/) pero no me convenció. Como buen dibujante que se precie, guardé el boceto en una de tantas carpetas con multitud de garabatos que lo único que hacían era acumular polvo en el armario. Tuvo que pasar un año para que retomara la idea de redibujarlo. Finalmente, y tras comerme el tarro con que hacer con él, le creé una familia y empecé a dibujarlo en tiras cómicas.
y Mika,¿cómo te surge dibujarla?,¿en quién te basas?


A.M: Mika es el ser más adorable que he dibujado XD. Su creación surge a raiz de recibir la petición de varios lectores. Antes solía dibujar pin ups realistas, después pin ups rollo cartoon y eso a la gente le gustaba más. Más de uno me comentaba que porque no me lanzaba a dibujar cómic erótico, que era lo que se vendía en internet. Dudé bastante, la verdad, pero finalmente decidí hacerlo. Al principio pensaba dibujar a una bibliotecaria adicta al sexo, pero surgió la idea de hacerla porno star en plena crisis y me convenció más. Mika no está basada en nadie (lo siento chicos). Tengo varios proyectos para Mika en un futuro, y no descarto sacar un cómic en papel, depende si consigo amortizar a Spooky.
-y las tiras de Tania Teen,¿cómo se te ocurrió?,¿cómo se lo ha tomado ella?

A.M: Fue a raíz de ver un enlace de su web en la página de mi amigo Runtime (www.runtimecomics.com). Tania habló en un post bastante bien de Mika y abrió un concurso de tiras cómicas donde saliera ella. En agradecimiento le regalé una tira, pero sin ánimo de participar. Después surgió la idea de realizar alguna tira de vez en cuando para su blog. Y la verdad es que le gustó mucho la idea XD.
El problema es el tiempo, Mika lo sabe bastante bien, y a veces dibujar tres webcomics no es tan fácil y de eso la gente no se da cuenta. Dibujas gratis en internet para entretener a la gente, y si una semana no actualizas se te echan encima. Nadie se para a pensar que lo haces porque quieres y sin ver un duro. Kako y Fon acabaron abandonados en un cajón hasta que saque tiempo. Spooky me consume muchas horas, pero es lo de siempre, día que no haces tira, día que pierdes el 80% de las visitas. Ahora estoy negociando con tres webs para hacer diferentes tiras. Ponte a sumar: Spooky + Mika + Tania + 3 NUEVOS= tiras a tutiplen XD.
Espero que aunque no tengas tiempo, sigas ofreciendo las tiras tan geniales que haces jejejeje
Pecados capitales.Gula

6 de Junio de 2009. 00:06 h.
—¡¡Debes irte!!!— grita Tomás—¡¡No soy dueño de mí!! ¡¡No soy dueño de mis actos!! ¡¡Ellos me…me…me… poseen y no puedo hacer nada!!
María lo mira incrédula, ve su cara deformada por el horror que cree ver a su alrededor.
—Le puedo ayudar padre…déjeme que le ayude…
Tomás se vuelve a ella llorando, dejándose caer sobre las rodillas.
—Nadie puede, no conseguí nada ordenándome sacerdote…
—Padre…déjeme que le ayude, Dios nos dirá cómo.
—Dios me ha abandonado…—dijo abatido entre lágrimas—¡¡Ellos me lo han dicho!!
—¿Quién son ellos?—preguntó María acercándose poco a poco a él.
—¡¡Sus siervos, sus seguidores, sus soldados!! ¡¡Los que llenan mi cabeza de esas imágenes!! ¡¡Los que me obligarán a cumplir el trato!!
María posó su cálida mano en su hombro y él se echó hacia atrás.
—¡¡No me toques!! ¡¡Aléjate de aquí!! ¡¡No quiero hacerte daño!!— gritó mientras se alejaba lo máximo posible de ella—¡¡Ellos me obligaran hacerte daño!! ¡¡Poseerán de nuevo mi cuerpo y te…te…!!
—Puedo ayudarle…—Tomás se quedó mirándola, sus ojos habían perdido toda cordura, estaban perdidos en el vacío y…parecía que habían perdido
¿humanidad?—Podemos luchar juntos padre, y Dios nos ayudará.
—Dios no pinta nada aquí— la voz del padre había cambiado siendo más potente, más gutural, como si aquel sonido no fuera de este mundo— solo estamos tú y yo…y bueno, el padre Tomás, aunque te aseguro que ahora mismo no puede hablar contigo, está llorando en un rincón de su mente intentando luchar contra mí.
—¿Quién eres?—preguntó María muerta de miedo.
—Soy el señor de Annabel, creo que la conoces, te susurraba al oído hace unos días—María recordó las voces en su cabeza, las obscenidades que le habían dicho hacer, las imágenes que le habían proyectado, los actos impuros que querían que hiciese
—¿Quién eres?—volvió a preguntar intentando borrar de su mente aquellas horribles imágenes que le habían proyectado.
—¿Y para qué quieres saberlo? ¿Acaso no lo imaginas?
—Estamos en…no puedes estar aquí…eres un demonio y esta es…esta es…
—La casa de Dios—le interrumpió— ya te he dicho que él no pinta nada aquí, esta nunca fue su casa, siempre fue la mía.
Aquel demonio que se ocultaba dentro de Tomás rió haciendo temblar la pequeña iglesia.
—¡¡María huye!!—era la verdadera voz de Tomás
María sorprendida por oírle de nuevo, se giró sobre sus pies obedeciendo y echó a correr hacía la puerta, mientras veía por encima de su hombro como Tomás caía desmayado y algo sobre el altar se materializaba entre humo amarillo.
Antes de que pudiera tocar el metálico pomo de la puerta, notó que tiraban de su pelo.
—¿Acaso crees poder escapar de mí?—fue lanzada por el pasillo que acababa de recorrer— No puedes salir de aquí a no ser que yo te deje…y eso no sucederá.
Ve, llena de terror, como se le aproxima el demonio ataviado con una armadura negra, de la que salen remolinos de fuego a su alrededor, su piel es de color bermellón, brillante, cubierta por extraños símbolos. Por detrás de él puede ver como se mueve una cola alargada terminada en una punta de flecha afilada. Posee también grandes alas de murciélago pero a diferencia de su piel, son negras como la noche, como la oscuridad, pero…¿ve rostros en ellas?...rostros agonizantes de dolor.
Tiene el cabello azabache y largo, ojos color amarillo…sin pupila, ojos que traspasan tu mente, que los notas dentro de ti hurgando en tu alma, buscando tus puntos débiles, mirando tus pecados, tus faltas…incluso tus virtudes; son ojos donde no existe humanidad y que hacen perder la razón. Su boca se contrae en una sonrisa diabólica, mostrando afilados dientes y largos colmillos saliendo de entre ellos una lengua larga y bífida, que recorre su labio superior.
María se arrastra hacia atrás aterrorizada sin poder dejar de mirar al demonio y confusa con las palabras que éste lanza, se da con el cuerpo inconsciente de Tomás.
—Por favor, padre, despierte…ayúdeme—le susurra.
El ser comienza a reír de nuevo.
—Él no te ayudará, debe pagar el pacto que hizo con Annabel, debe pagar el precio que se puso a su petición, pensaba que ordenándose sacerdote el pacto se rompería… ¡qué equivocado!
—¿Quién eres?
—¿Y por qué debería decírtelo, humana? Sólo te interesaría saber lo que haré contigo y qué papel juegas en todo esto, pero ni siquiera eso te lo diré…es más divertido que lo vayas descubriendo.
Con un movimiento de su mano el cuerpo inconsciente de Tomás se elevó en el aire, el demonio habla en un idioma olvidado por el hombre y los ojos del padre se abren, mostrándose amarillos.
8 de Octubre de 1997.
Era consciente del asco que producía a las personas de su alrededor, del asco que le producía a los hombres cuando le veían sudar sin parar con una simple caminata o cuando resoplaba al subir escaleras.
Siempre le había pasado, desde su más tierna infancia había sido un niño obeso, se habían reído de él en el colegio y había sido víctima de muchas bromas de mal gusto. Durante su adolescencia no le fue mejor puesto que ninguna chica quería salir con él o ser su amigo, veía su cara de repulsión cuando intentaba acercarse a ellas y luego las oía reír con sus amigas mientras le señalaban y sus bocas hacían esa palabra que odiaba: “gordo”. Por ello, todas las noches, cuando la casa estaba en un silencio absoluto, atracaba la nevera con gula y luego lloraba, lloraba sin parar hasta quedarse dormido.
Incluso a sus 28 años se daba cuenta que esa repulsión no había cambiado, incluso a las prostitutas les daba asco. Cuando contrataba sus servicios y le veían, ponían la misma cara de repulsión que sus antiguas compañeras de colegio, instituto o facultad, casi podía leer sus pensamientos donde aparecía la palabra “gordo”. Les daba asco tener que besarle, tener que tocarle porque sudaba sin parar por la obesidad y los nervios, tenía que pagar siempre algo más para que le hicieran una felación, no les gustaba nada tener que buscar su pene entre tanta carne…ese pene que se perdía y parecía más pequeño de lo que era realmente, además sabiendo el asco que daba…tardaba en ponerse erecto haciendo que la puta de turno se cabreara.
Tras la marcha de la prostituta, terminaba atacando a la nevera y comiendo todo lo que encontraba para después llorar como un niño durante horas.
Se odiaba.
31 de Octubre de 1997.
Se sentía desdichado, aunque tenía una posición privilegiada en la empresa, era consciente que tanto a sus compañeros más cercanos, a sus subordinados, a sus jefes y a sus clientes, les daba asco tener que relacionarse con él.
Nunca había tenido una comida de negocios, todos intentaba tener una reunión en la oficina rápida y marchar cuanto antes sin tener que estar cerca de él. Los veía marchar riéndose de lo que sudaba, de lo torpes que eran sus movimientos y de lo reforzada que estaba su silla para aguantarle.
—¡Hola!—una voz sensual saludó desde la puerta—Tenemos una reunión, soy aspirante al puesto de secretaria.
Tomás giró su silla para encontrarse con una mujer que le quitaría la respiración a cualquiera, poseía una larga melena rojiza que caía sobre su espalda, unas largas piernas que se acentuaban con el zapato de tacón, una cintura fina resaltada con una falda de talle alto ajustada perfectamente a sus caderas, unos pechos pequeños y turgentes que asomaban tímidamente por un escote que sugería más que enseñaba.
Le hizo tomar asiento, se quedó embelesado observando como aquel cuerpo perfecto movía el aire de su alrededor y sin saber por qué, se puso nervioso.
Le hizo las preguntas de rigor de la entrevista, ojeó su curriculum, y le dio el puesto, lo tenía desde que entró en su oficina, le había hechizado. Cuando le dio la mano para despedirse, se perdió en la suavidad de aquella piel y en la dulzura y sensualidad de su voz cuando se despedía.
6 de Junio de 1709.
—Ya casi está la última piedra.
Pablo miró al párroco, éste sonreía satisfecho mientras observaba como era colocada la piedra que actuaría como altar, la parte más importante de la que iba a ser su iglesia.
—¿Cuánto tardamos en encontrar el lugar exacto?
—Más de lo que hemos tardado en levantarla—comentó abatido Pablo.
—Nuestro señor estará orgulloso.
Se oyó el grito de júbilo de los obreros, la iglesia estaba acabada.
—Cuando será…
—Esta noche—le interrumpió el párroco mientras se alejaba de él para entrar en la iglesia terminada—Espero verte.
5 de Mayo de 1998.
—¡Buenos días Tomás!—le tuteaba y le encantaba—Tiene los papeles para la reunión sobre su mesa y le he traído un café con una magdalena de chocolate como le gusta.
Una sonrisa, todas las mañana le dedicaba una sonrisa, era la primera mujer en…¡en toda su vida! a la que no creaba repulsión y era la primera mujer en mucho tiempo que le hacía sentirse feliz por las mañanas. Se estaba enamorando pero no quería fastidiarla porque seguramente ella sólo era agradable por ser su jefe.
Se sentaba en su silla y se pasaba horas observándola a través de los cristales de su oficina, sabiendo que ella no podía verle. Le encantaba con el candor que se movía, le encantaba como se colocaba delicadamente su melena hacía atrás dejando ver su largo cuello, le encantaba observarla mientras bebía, mientras comía, mientras hablaba con el resto de empleados…sí, se estaba enamorando.
20 de Julio de 1998.
—Hoy se lo pediré—se decía Tomás frente al espejo—lleva trabajando conmigo dos años, no tiene pareja, ha declinado invitaciones de muchos en la oficina y no ha mostrado repulsión hacía mi persona, creo que le gusto…
—No, te equivocas—le respondía su reflejo—Sólo es agradable con el gordo.
—Esta vez te equivocas tú, estoy seguro que no solo es cortesía, que le gusto de verdad.
—Sabes bien que te rechazará porque en el fondo le creas esa repulsión que observas en los ojos de todos, esa repulsión que has creado en todas las mujeres…
—¡¡CÁLLATE!!
Sonó el timbre de la puerta y fue abrir a la prostituta que había contratado, volvió a ver aquella mirada de repulsión, pero no le importaba, era una prostituta joven con el cabello rojizo y lo más parecida a ella que podría ser.
La tomó como si fuera ella, como si fueran sus labios los que besaba, como si fueran sus pechos los que lamía, como si fuera su sexo el que acariciaba, como si fuera ella la que tomaba su pene entre sus labios…era una ilusión, pero le gustaba.
5 de junio de 1999. 08:06 h.
—¡Buenos días Tomás!
—¡Buenos días Annabel!—ella le había regalado una sonrisa.
—Hoy es su cumpleaños, ¿no?—le comentó mientras tomaba asiento, él afirmó—¿qué le parece si cenamos los dos juntos?—Tomás abrió sus ojos desmesuradamente, ¿estaba invitándole?, era imposible, su cabeza le jugaba una mala pasada, una mujer tan hermosa no podía fijarse en un gordo como él—He observado estos años que pasa sus cumpleaños solo y me gustaría que este fuera especial.
—¿Estás…estás…—como odiaba tartamudear, como si no fuera bastante ser
gordo—…estás segura?
Annabel rió a carcajadas.
—Pues claro, soy yo la que le está invitando, ¿no?—dio la vuelta al escritorio para acercarse a él—Tú prepara la cena y esta noche iré a tu casa para celebrarlo.
Le dio un tímido beso en la mejilla y salió del despacho.
5 de Junio de 1999. 21:06 h.
Llamó a una empresa de catering que le llevó la comida a casa, pudo observar en la cara de los repartidores la repulsión, esa repulsión que le hacía sentirse tan mal y llegó a pensar en atacar la comida cuando se fueran pero esta vez era diferente, Annabel vendría a cenar a su casa.
—Es una broma—le dijo su cerebro—no va aparecer, habrá quedado con las demás chicas de la oficina para reírse del gordo, sabes que no aparecerá.
—Vendrá estoy seguro.
—No te hagas ilusiones, terminarás cenando solo, atacando a la comida como si ella pudiera calmar el dolor de tu alma, como si ella pudiera llenar el vacío que te produce estar solo, no tener amigos. Terminarás llamando a una puta para que te la mame y cuando se vaya, volverás a llorar como un niño, deseando la muerte. Acariciando la idea del suicidio pero eres tan cobarde que no tienes huevos ni para matarte. ¡¡¡Sólo eres un gordo del que se reirán!!!
El timbre, se acercó con miedo porque sabía que si no era ella, su cerebro tendría razón y se sentiría peor que nunca, se odiaría y seguramente esta vez sería capaz de volarse la tapa de los sesos.
5 de Junio de 1999. 22:06 h.
La velada fue perfecta, no se lanzó sobre la comida como un animal hambriento, como había hecho tantas veces. No esta vez lo único que quería era retener en su mente todos sus movimientos, toda su conversación, sus gestos, su forma de mirarle…sin repulsión.
Por primera vez estaba cenando con una mujer que no le tenía repulsión y se sentía bien.
Tras la cena se sentaron a tomar una copa en el sofá y siguieron con una charla insulsa. Él no pudo dejar de contemplarla, no dejo de recorrer su cuerpo una y otra vez, la deseaba.
Deseaba recorrer con su lengua aquel cuerpo perfecto, deseaba saborear sus labios, sus pechos, su sexo, deseaba oírla gritar y jadear de placer, ver como su cuerpo su estremecía de placer al introducirse dentro de ella o ver como llegaba al orgasmo. Deseaba sentirse dentro de ella, hacer realidad la fantasía que había experimentado con las prostitutas.
6 de Junio de 1909.
Un agónico grito sube desde los sótanos de la iglesia.
—Traer a la joven al ritual.
Uno de los caballeros envuelto en una túnica oscura baja los escalones para ir en busca de la joven que será sacrificada en el ritual.
El resto de hombres eleva los cánticos y el portal por donde entrara el señor de la iglesia se abre.
—Señor—el cura se postra ante Beelzebub—la hemos encontrado.
Beelzebub es ayudado ha despojarse de su armadura. Los gritos y lloros de súplica de la joven invaden la pequeña iglesia. Las estatuas de santos que la adornan no dejan de llorar sangre.
La joven es colocada en el altar y atada a él, no deja de suplicar ayuda, le grita al cura y a Isaac, son los dos que conoce, las dos personas en las que ha confiado siempre y aún así no le ayudan. Uno de los otros le quita sus ropas, entonces lo ve y grita de miedo, su pelo se encanece.
Beelzebub la huele, lame sus lágrimas, sube al altar y posee a la joven entre gritos.
Los cánticos se elevan.
—No es ella, no es la que buscamos—dice mientras baja del altar.
—Pero mi Señor—balbucea el cura—todo apuntaba a que era ella, es pura, dulce, se mantiene virgen...
—Te equivocas, uno de tus soldados la ha desvirgado antes que yo.
Un caballero echa a correr y antes de llegar a la puerta se consume entre llamas.
—Mi Señor no volverá a ocurrir—se disculpa el párroco, bajando su cabeza avergonzado.
—Todo apunta que no será en este siglo—comenta Beelzebub mientras se viste—y que no seréis vosotros quien la encuentre...sólo un párroco que haga un trato conmigo la encontrará.
6 de Junio de 1999. 0:06 h.
—Tomás—se acercó más a él y le acarició el rostro con su delicada mano—¿me deseas?
Se quedó paralizado de miedo, no creía lo que sus oídos habían escuchado, jamás pensó que de aquellos sensuales labios podrían salir esas palabras.
—Sí—dijo en un temeroso susurro
Se acercó a él y posó sus labios sobre los suyos, le besó apasionadamente, buscó su lengua con la suya, le besó con tal pasión que él quiso llorar. Tímidamente acercó sus temblorosas manos a su cintura para acercarla más, para sentir el calor de su cuerpo sobre el suyo.
Acercó sus manos a sus piernas para recorrerlas, para sentir la suavidad de aquella aterciopelada piel, subía con miedo a que ella no le dejara hacer, a que ella se negara pero no encontró oposición a sus caricias y se aventuró a seguir recorriendo aquel cuerpo que le atraía.
—¿Me deseas?—volvió a preguntarle.
—Sí.—Contestó loco de deseo mientras abría su blusa para observar sus pechos turgentes, para recorrerlos sobre el sujetador de encaje que llevaba, para buscarlos con caricias nerviosas, para liberarlos de aquella de prisión y lamerlos, jugar con su lengua sobre los pezones y notar cómo se endurecían bajo su lengua. Recorrió sus pechos y subió por su cuello, lo besó como si le fuera la vida en ello, como si fuera la fuente de la vida.—Te deseo desde que entraste en mi despacho—le dijo mirándole a los ojos…ojos ¿amarillos?… ¿o era de nuevo su cerebro que quería jugar con él?—Te deseo tanto que he fantaseado con este momento muchas veces, he buscado a las putas que más se te parecieran para imaginar que eras tú…
Annabel sonrió diabólicamente.
—¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por mí?—le dijo bajando su mano hacía su pene, tomándolo delicadamente, liberándolo de la prisión de los calzoncillos, haciendo que él suspirara de placer—¿Pagarías con tu alma poseerme?, ¿pagarías con tu alma poseer a las mujeres que quisieras?
Tomás notaba la mano sobre su pene erecto subir y bajar, notaba como una descarga eléctrica recorría su cuerpo, no pensaba en las palabras que escuchaba, sólo pensaba en el placer que Annabel le estaba haciendo sentir, un placer que no había sentido con ninguna prostituta.
—Sí…pagaría con mi alma porque este placer no acabara—contestó entre jadeos.
—¿Estás seguro?—preguntó mientras bajaba para tomar entre sus labios su pene.
—Sí, te daría mi alma para poseerte, para poder hacerte mía todas las noches, para recrear en ti todas mis fantasías, para poder poseer a todas las mujeres que quisiera si eso hace que pueda poseerte…
Annabel jugó con su lengua sobre su glande arrancándole jadeos de placer.
—Que así sea, tu alma me pertenece.
6 de Junio de 2004. 0:06 h.
Tomás había olvidado a Annabel, apenas tenía unos recuerdos nítidos sobre ella o sobre aquella noche…su cerebro le jugaba malas pasadas cambiándolos o creándole horribles pesadillas cada vez que intentaba recordar la cena.
Apenas recordaba la charla vacía que habían tenido, apenas recordaba la música que había puesto para hablar con ella…, únicamente recordaba sus caricias, esas que habían sido tan diferentes de las caricias de las prostitutas, esas que le habían hecho sentir mil cosas a la vez, esas que le habían hecho sentirse el señor de todo, esas caricias cuando se había montado sobre él…¿había visto unas alas en su espalda?, ¿sus ojos habían pasado de un color verde a uno amarillo?
No, no podía ser, eso pertenecía a los juegos de su cerebro, a las pesadillas que aparecían en sus noches.
Lo que sí sabía era que había un antes y un después de aquella noche.
Las mujeres le deseaban, ¿acaso no le preguntó ella si quería que le desearan?, con solo mirar a una mujer, ésta se sentía irremediablemente atraída por él y lo más sorprendente era que no había repulsión en sus miradas, no rechazaban sus invitaciones, ni siquiera rechazaban tener sexo con él.
Incluso su metabolismo había cambiado. Comía la misma cantidad pero sin dejarse llevar por la gula en las noches, sin embargo no engordaba, contra todo pronóstico perdía peso rápidamente y hacía que las mujeres se acercaran a él aún más.
Pero apenas recordaba a Annabel, incluso en la oficina la gente no recordaba que hubiera trabajado, pensaban que él se lo había inventado y dudaba, dudaba si todo aquello no había sido más que un juego de su cerebro.
Y de repente apareció.
Estaba en la puerta de su piso tan sexy y sensual como en sus pesadillas.
—Te ves bien Tomás—le dijo deslizándose en el interior de su piso, moviendo cadenciosamente el aire de sus caderas—Veo que nuestro trato te ha sentado bien.
—¿Trato?
—¡Vamos!—exclamó abrazándose a él—¿No me digas que has olvidado nuestra noche?, ¿o acaso no quieres recordarla?
La apartó de él bruscamente, una sensación de repulsión y miedo se había apoderado de él, se dirigió al mini-bar para servirse un whisky mientras ella se reclinaba en el sofá.
—Si soy sincero, apenas me acuerdo de esa noche o de ti…lo siento.
—¡Qué caballero!—rió—No hace falta que seas tan educado conmigo, aquella noche precisamente no lo fuiste, además sólo vengo por negocios.
—Ya te he dicho que apenas recuerdo nada…no creo que tengamos ningún negocio juntos.
—¡¡No intentes jugar conmigo!!—dijo levantándose, sus ojos, como en las pesadillas, habían pasado de verdes a amarillos—Sé lo de tus pesadillas, sé que te recrean la noche de nuestro trato, sé que en ellas aparezco con mi verdadera forma y sé que te asusta pensar en ello, ni siquiera lo analizas, porque bien sabes el trato que hiciste y a cambio de qué.
—Yo…yo…no…no…—tartamudeaba de nuevo, hacía cinco años que no le pasaba, desde la noche del trato—era consciente.
—Eras muy consciente del trato, no pretendas escapar a él, no podrás huir. Tienes cinco años más antes de que mi Señor venga a cobrarlo.
6 de Junio de 2009.
Tomás se acerca al altar y quita todos los aparejos de la liturgia de la iglesia, toma un hábito oscuro que hay escondido tras el sagrario, desaparece en la capilla y sale con un libro del que comienza a leer en una lengua antigua que María no reconoce.
El demonio la mira con lascivia mientras se deshace de su armadura, dejándola caer con un golpe seco sobre el suelo de la iglesia. María suplica ayuda a Tomás que ni la mira y sigue recitando unos versos antiguos, llora sin cesar, sus lágrimas le abrasan las mejillas; intenta buscar una salida de la iglesia pero sabe que el demonio la atrapará antes de que pudiera llegar a cualquier salida, si la hubiera.
—Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre...
—Estúpida humana— el demonio se deshace de la última pieza de su armadura y deja ver un pene doble afilado—él no te ayudara, Dios no te ayudara, no tiene cabida en mi templo—María le mira horrorizada sin dejar de llorar, sin dejar de suplicar a Tomás que le ayude—Muchas me han sido ofrecidas pensando que eran las elegidas y muchas han llorado cuando me han visto, cuando las he poseído, cuando se han convertido en mis siervas o en parte de mis ejércitos.
“Yo soy Beelzebub, demonio de la gula, el demonio que poseerá tu cuerpo y tu alma, el que será tu dueño como soy de Tomás, te postrarás ante mí, me obedecerás, serás parte de mi harén, serás la madre de mi hijo; la madre del hijo del demonio, el que traerá el caos a la Tierra, el que llenará los corazones de oscuridad y tinieblas, el que hará temblar a los hombres.”
Se acercó a ella haciéndola retroceder hasta caer.
—Tomás…por favor ayúdame…te lo suplico—lloraba sin descanso, las lágrimas abrasaban sus mejillas—Padre, por favor, soy una de su rebaño…¡¡escúcheme!!
Beelzebub volvió a reír.
—No te escuchará, está pagando el pacto que hizo con Annabel, estaba escrito que él viniera aquí, que él te encontrara, que encontrara a la que iba a traer de nuevo a Dios a la Tierra para que nosotros no caminásemos en ella—Acercó su rostro al de ella, le echó el ardiente aliento, la olfateo, lamió sus lágrimas—Sí, tú eres la elegida, hueles y sabes a pureza y santidad, tanto tiempo buscándote y al fin eres nuestra.
La empujó sobre el frío suelo mientras reía. María retrocedía, andaba a gatas sin dejar de buscar un lugar donde esconderse hasta que noto como algo tiraba de su tobillo izquierdo y la acercaba al demonio.
Éste le había atrapado, le inmovilizó los brazos por encima de su cabeza con su cola mientras sus manos hacían jirones sus ropas y su bífida lengua recorría su cuerpo.
María comenzó a gritar de nuevo al párroco que seguía recitando junto al altar, quería llegar a esa parte dónde podría estar escondido el verdadero cura, su amigo, en el que había confiado desde que llegara al pueblo.
—¡¡Por favor padre!! ¡¡Escúcheme!! ¡¡Luche y ayúdame!!
Sentía como el demonio recorría su cuerpo con sus grandes manos, como tomaba sus pechos entre ellas y los estrujaba con crueldad, arrancándole alaridos de dolor. Sentía como la bífida lengua lamía su cuello para bajar a sus pechos y lamer sus pezones que se ponían erectos al contacto.
Sintió como los dedos de aquel demonio invadían su intimidad, se introducían en su vagina con violencia y se movían dentro de ella.
—¡¡Nooo!! ¡¡Por favor, déjame ir!!
El demonio ni siquiera la miraba, seguía recorriendo su cuerpo como si realmente le perteneciera. Reforzó aún más la sujeción de sus brazos, haciendo que el dolor recorriera todo el cuerpo de María.
Bajo lamiendo su vientre hasta que llegó a su vagina donde comenzó a dar lametones lánguidos recorriéndola despacio, casi llegando a su ano; volvió a subir para alcanzar su clítoris y jugar con él.
—¡¡Tomás por favor!!— María lloraba y súplicaba muerta de miedo y vergüenza por lo que el demonio le estaba haciendo—¡¡Ayúdeme padre!!...¡¡Confiaba en usted!!
—Veo que mis caricias no hacen que te calles— dijo irritado mientras se incorporaba y la elevaba del suelo— Tomás, ven aquí.—Tomás dejó los rezos y se acercó a su señor—Veamos si eres capaz de gritar y suplicar ahora.
Beelzebub obligó a María arrodillarse frente a Tomás que se había despojado de la túnica y sus ropajes, la tomó del cabello y con fuerza, introdujo su pene en su boca. El demonio, la tomó por las caderas y le introdujo su doble pene por su vagina y su ano, haciendo que María se retorciera de dolor y ahogara un grito.
Beelzebub se movía dentro de ella con violencia, tomaba sus pechos con sus grandes manos y clavaba sus largas uñas. María escuchaba horrorizada como era insultada y como jadeaban el párroco y el demonio.
—María...María...—era Tomás, el verdadero Tomás, era su dulce voz, ¡podría ayudarla! ¡todo terminaría!— lo siento...siento...¿podrás perdonarme?—María quería gritarle pero Tomás no dejaba de meter y sacar su pene de su boca, ¿por qué no la ayudaba?— No sabes el tiempo que he esperado para hacer esto.
María comenzó a llorar de nuevo de desesperación...no era Tomás, era su voz pero él jamás le haría esto, él la ayudaría a huir. Escuchó como el demonio reía.
—¿Pensabas que tu querido cura te ayudaría?—le dijo moviéndose con más rapidez dentro de ella—Él te ha querido poseer desde que te vio cuando llegó aquí, soñaba con desvirgarte—apretó tanto sus pechos que María pensaba que se los iba arrancar—Él mismo cambió el trato, su alma por la tuya, pero no sabía lo importante que podrías llegar a ser.
El demonio y Tomás aceleraron sus movimientos.
Tomás llenó de semen la boca de María, haciendo que está casi se ahogara.
El demonio se corrió en su ano y su vagina quemándola internamente.
Tomás cayó exhausto delante de ella y la miró a los ojos.
—¿Podrás perdonarme?
El demonio la levantó por sus brazos.
—Termina el ritual— le dijo a Tomás— debemos ir a casa, pronto llegará mi hijo.
María, exhausta y horrorizada, ve como su vientre se hincha.
La imagen que ilustra este relato pertenece a Marta Dahlig
